viernes, 3 de abril de 2026

RESEÑA DE "TAFITI Y SUS AMIGOS"

Introducción y sinopsis

El Namib, el desierto más antiguo del planeta, sirve de telón de fondo para impresionar la imaginación de los más pequeños con esta fábula sobre la amistad. Un viaje de ida y vuelta con el que Nina Wells nos recuerda que explorar el mundo es mejor en compañía de buenos amigos y que para conseguirlos son necesarias, entre otras cosas, valentía, generosidad y autenticidad. 

Nina Wells (Knight Rusty 2013Coco el pequeño dragón 2014, Latte y la piedra mágica 2019), recoge la ligereza, el optimismo y el humor de los cuentos ilustrados por Julia Ginsbach y escritos por Julia Boehme, coguionista de la película. Una serie de más de veinte cuentos, éxito en Alemania, que narran las aventuras de esta curiosa y audaz suricata oriunda de Namibia. Cuentos que ayudan a los más pequeños a empezar a leer solos, y que recogiendo los conflictos propios de esa edad, sin aleccionar, enseñan la colaboración, el respeto, la igualdad y el valor de las diferencias. Todo ello sin olvidarse del humor, como comenta la directora: "Los niños quieren reír. A pesar de toda la tensión, a pesar del peligro, la risa es fundamental, especialmente en estos tiempos."

 

Tafiti y sus amigos fue seleccionada el año pasado para participar en la sección de cine infantil y familiar (CineKindl) del Festival de Cine de Múnich, donde consiguió una nominación a mejor película y el premio de la audiencia que, según el propio festival: "es elegido por lo que posiblemente sea el jurado más estricto y honesto del mundo." En el Festival Internacional de Cine Infantil y Jóvenes Audiencias SCHLiMGEL de Chemnitz, consiguió dos nominaciones: una al Gran Premio de la Ciudad de Chemnitz, y otra al Premio de la Competición de Cine Nacional.

 

Tafiti y sus amigos es una producción alemana de Tradewind Pictures y Little Dream Entertainment y está disponible en los cines de todo el territorio nacional de la mano de Vercine.

 

Sinopsis: Cuando Tafiti, una joven suricata conoce a Púas, el cerdo salvaje, sabe que no pueden ser amigos. "¡Las suricatas se quedan con los suyos!" es lo que siempre le ha dicho el abuelo, ya que, la vida en el desierto está llena de peligros. Pero cuando Púas es atacado por un águila, es Tafiti quien corre a rescatarlo. En busca desesperada de un amigo, el divertido cerdo salvaje sigue a Tafiti hasta su casa, provocando sin querer un desafortunado accidente: el abuelo de Tafiti es mordido por una serpiente venenosa mortal. Sólo una mítica flor azul del desierto podrá salvarlo. Tafiti emprende un peligroso viaje para encontrar la flor, convencida de que debe hacerlo ella sola. ¡Depende de púas demostrar que las aventuras siempre son mejores con amigos!


Sobre la película

Arrancar una película infantil con la firma de Nina Wells es, en sí mismo, toda una declaración de intenciones. La directora británica —curtida en el ámbito de la animación europea, especialmente en televisión y en proyectos dirigidos al público familiar— ha ido construyendo una filmografía coherente, reconocible por su sensibilidad hacia las emociones infantiles y por una puesta en escena que evita el ruido innecesario. Su estilo no busca deslumbrar desde la pirotecnia visual, sino desde la cercanía: colores cálidos, ritmos narrativos pausados y personajes que parecen respirar dentro de un universo amable, pero no ingenuo. En trabajos previos —sobre todo en series y adaptaciones literarias— Wells ya había demostrado una especial habilidad para trasladar al lenguaje audiovisual el espíritu de los cuentos ilustrados, respetando su tono sin renunciar a una narrativa cinematográfica propia.

En Tafiti y sus amigos esa línea se consolida con una claridad admirable. La película bebe directamente del imaginario creado por Julia Boehme y Julia Ginsbach —autoras de los libros originales— y lo hace con un respeto poco habitual. No se limita a adaptar una historia: captura una forma de mirar el mundo. La ligereza, el optimismo y ese humor blanco pero inteligente que caracteriza a los cuentos encuentran aquí su equivalente en imágenes. Hay algo en la manera en que se encadenan las situaciones, en cómo los personajes se relacionan entre sí, que remite a la lectura en voz alta, a ese momento compartido entre adulto y niño donde la historia fluye sin esfuerzo. La participación de Boehme como coguionista no es anecdótica: se percibe en la fidelidad al tono original, en la naturalidad de los diálogos y en esa capacidad para introducir pequeñas lecciones sin subrayarlas en exceso.

Pero si algo distingue a la película es su vocación de viaje —no tanto físico como emocional—. Nina Wells construye un recorrido de ida y vuelta que, sin grandes alardes dramáticos, termina calando. La aventura se convierte en un espacio donde los personajes aprenden que el mundo se entiende mejor cuando se comparte. Y aquí la película acierta al no caer en la simplificación: la amistad no aparece como algo inmediato ni idealizado, sino como un proceso que exige valentía, generosidad y, sobre todo, autenticidad.

Uno de los mayores aciertos del relato es cómo normaliza la expresión de emociones que a menudo se suavizan o directamente se evitan en el cine infantil. El miedo no es un obstáculo que deba eliminarse, sino una reacción comprensible; el egoísmo no convierte a nadie en villano, sino en alguien que aún está aprendiendo; la ira, incluso, encuentra su lugar como parte del crecimiento. En este sentido, Tafiti y sus amigos conecta con una corriente contemporánea de animación que apuesta por la inteligencia emocional del espectador más joven, confiando en su capacidad para entender matices.

Todo ello se inserta, además, en una mirada profundamente inclusiva del mundo. La película presenta un ecosistema diverso, donde cada personaje —con sus diferencias, sus limitaciones y sus particularidades— resulta imprescindible. Lejos de los discursos explícitos, la idea se filtra de forma orgánica: aquello que en un primer momento puede parecer una debilidad acaba revelándose como una fortaleza en el contexto adecuado. Es una lección sencilla, pero de esas que permanecen.

Y quizá ahí reside su mayor virtud. Tafiti y sus amigos no busca reinventar el género ni sorprender con giros inesperados. Prefiere algo más difícil: conectar. Hacer reír, sí, pero también invitar a pensar, aunque sea en voz baja. Funciona como una puerta de entrada al cine para los más pequeños, pero también como un recordatorio para los adultos de que, a veces, las historias más simples son las que mejor entienden lo que significa crecer.

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