lunes, 19 de octubre de 2026

SITGES FILM FESTIVAL - RESEÑA DE "YELLOW CAKE", EL PROGRESO TAMBIÉN PICA

Introducción y sinopsis

ConUnPack
presentó el pasado lunes 12 de octubre 
en la sección Noves Visions del Festival de Sitges, Yellow Cake, de Tiago Melo. La película llegó a su estreno español tras su paso por la Tiger Competition del Festival de Rotterdam.

ConUnPack presentó la película bajo su sello de cine de género Panic House y la estrenará en los cines españoles en la primavera de 2027. ConUnPack International Sales se ocupa de las ventas internacionales.

Protagonizada por Rejane Faria, junto a Tânia Maria, Valmir do Côco y Spencer Callahan, esta segunda película de ficción de Tiago Melo combina ciencia ficción, humor negro y sátira política desde el nordeste de Brasil.

Sinopsis: En Picuí, una localidad del interior del estado de Paraíba, un equipo de científicos desarrolla un proyecto secreto para combatir el dengue. El plan consiste en utilizar el uranio de la región para esterilizar al mosquito Aedes aegypti y frenar la transmisión de la enfermedad. La física nuclear Rúbia Ribeiro, interpretada por Rejane Faria, forma parte de la investigación. Cuando el experimento fracasa, deberá unir fuerzas con los mineros locales para evitar una catástrofe. El recorrido de Rúbia propicia el encuentro entre el conocimiento científico y los saberes de quienes habitan el territorio. Melo convierte ese cruce en una reflexión sobre la dependencia tecnológica, las intervenciones extranjeras y el coste de las promesas de progreso. El absurdo y el humor atraviesan una ficción que lleva al extremo tensiones reconocibles del presente.

Tiago Melo regresa al universo de Picuí, el pueblo de su padre, que ya había explorado en el cortometraje documental Urânio Picuí, cuando Melo investigaba las historias vinculadas a la extracción de minerales en la zona. Los testimonios de los habitantes y los relatos transmitidos entre generaciones alimentaron después su universo de ficción.

Melo quiso situar a la ciudad en el centro de la película antes incluso de definir la trama. Las historias sobre minería, presencias extranjeras y fenómenos inexplicables lo condujeron hacia la ciencia ficción. También la Caatinga, el ecosistema del nordeste brasileño, adquiere una presencia propia: el cineasta se interesa por su biodiversidad y sus transformaciones, ampliando la amenaza del desastre a todo un entorno y a la comunidad que lo habita.

Tiago Melo
comenzó su trayectoria en el teatro y se formó en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba. Su debut en el largometraje, Azougue Nazaré, obtuvo el Bright Future Award en Rotterdam en 2018. Aquella película se acercaba a la cultura del maracatu y a sus protagonistas, entrelazando conflictos cotidianos y acontecimientos sobrenaturales.

Yellow Cake continúa ese diálogo entre cultura popular y fantástico desde un nuevo territorio. Melo vuelve a trabajar con Valmir do Côco, uno de los protagonistas de su ópera prima, y sitúa ahora a una científica brasileña en el centro del relato. La fotografía de Gustavo Pessoa, el montaje de André Sampaio y la música original de O Grivo contribuyen a construir su dimensión visual y sonora.

La película es una producción de Lucinda, Urânio Filmes y Jaraguá Produções, en coproducción con Cinemascópio y Olhar. 

Sobre la película

Combatir el mosquito del dengue con uranio: alguien debería haber pedido una segunda opinión antes de aprobar el proyecto. De semejante ocurrencia parte Yellow Cake, la película brasileña con la que Tiago Melo mezcla ciencia ficción, sátira política y vida rural. Una combinación con suficientes papeletas para encontrar su sitio en Sitges, donde sabemos que las buenas intenciones pueden acabar provocando una catástrofe bastante entretenida.

La acción nos lleva a Picuí, en el nordeste de Brasil, donde un equipo de científicos pone en marcha un experimento que promete erradicar al Aedes aegypti. La física Rúbia Ribeiro ocupa el centro de una operación que despierta tantas expectativas como recelos. Bajo el disparate asoma algo reconocible: la facilidad con la que algunos llegan a un territorio convencidos de saber qué les conviene a sus habitantes.

Uno de los principales aciertos está en la fotografía de Gustavo Pessoa, que da entidad al paisaje y encuentra expresividad en los rostros. La luz, el color y los espacios construyen una atmósfera que ayuda a sostener la propuesta incluso cuando el argumento se vuelve más escurridizo. Ese Brasil rural tiene presencia, temperatura y una vida propia que se resiste a quedar reducida a escenario del experimento.

También funciona el reparto brasileño, con una Rejane Faria que sostiene con solvencia a su científica y una Tânia Maria cuyas intervenciones aportan un humor muy agradecido. Hay cercanía en esos personajes, algo que facilita entrar en su mundo. La convivencia entre portugués e inglés suma además una distancia reveladora: compartir un proyecto y entender sus consecuencias son asuntos bastante distintos.

La película deja algunas ideas más apuntadas que desarrolladas, y su tránsito entre el comentario político, el humor y la extrañeza tiene sus costuras. Su personalidad visual resulta más consistente que ciertos pasos del relato. Aun así, esa irregularidad convive con una propuesta suficientemente curiosa y bien interpretada para mantener el interés, especialmente cuando permite que el lugar y sus habitantes lleven las riendas.

Yellow Cake se disfruta desde esa mezcla de familiaridad y disparate, con los pies en la tierra y la cabeza rondando una nube radiactiva. Su mirada hacia una comunidad convertida en terreno de pruebas le da fondo a la broma y deja una ironía bastante oportuna: a veces, lo más inquietante aparece justo cuando alguien asegura que viene a solucionarnos la vida. El mosquito, mientras tanto, a lo suyo.

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