viernes, 28 de agosto de 2026

"LA CONSTELACIÓN DEL PERRO" - RESEÑA

Introducción y sinopsis

La Constelación del Perro
(The Dog Stars)
es la nueva película de Ridley Scott. Este thriller, ambientado en un mundo donde sobrevivir es una cuestión de instinto, pero conservar la humanidad es una decisión, está disponible exclusivamente en cines, salas IMAX y otros formatos premium desde este miércoles 26 de agosto de la mano de 20th Century Fox y Disney

Basada en la aclamada novela de Peter Heller, La Constelación del Perro reúne a un reparto excepcional formado por Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Allison Janney, Benedict Wong y Guy Pearce. El guion es obra de Mark L. Smith, está producida por Ridley Scott, p.g.a., Michael Pruss, p.g.a., Mark L. Smith y Cliff Roberts, p.g.a., y cuenta con Lily Brooks-Dalton, Brandon Scott Smith, Peter Heller y Aidan Elliott como productores ejecutivos.

Sinopsis: La historia sigue a Hig (Jacob Elordi), un joven piloto que, junto a Bangley (Josh Brolin), un experto superviviente con formación militar, ha logrado construir una vida tan funcional como aislada en un implacable mundo posapocalíptico. Pero cuando una misteriosa transmisión de radio irrumpe en su rutina, Hig decide adentrarse en lo desconocido en busca de aquello que todavía se resiste a dar por perdido: la esperanza y la conexión humana.

Sobre la película

Hay películas sobre el fin del mundo que se preguntan cómo sobreviviremos. La constelación del perro parece más interesada en otra cuestión: qué quedará de nosotros cuando sobrevivir sea lo único que nos quede.

Ridley Scott
nos traslada hasta 2033, apenas siete años en el futuro, después de que un virus haya arrasado buena parte de la civilización. No sabemos demasiado sobre su origen ni conocemos el verdadero alcance de la catástrofe. Tampoco lo saben quienes continúan vivos. El mundo se ha fragmentado en pequeños núcleos humanos: algunos intentan reconstruir cierta idea de comunidad; otros han convertido la ausencia de normas en una oportunidad para imponer la violencia, el saqueo y la ley del más fuerte.

Es inevitable que algunos de sus paisajes y situaciones despierten ecos de universos como The Last of Us, aunque aquí el interés se desplaza progresivamente desde la supervivencia hacia la psicología de quienes han aprendido a vivir desconfiando de todo.

Y probablemente ahí se encuentre lo más interesante de la película. Porque cuando desaparecen las instituciones, las leyes y las convenciones sociales, la pregunta deja de ser quiénes éramos antes para convertirse en quiénes decidimos ser cuando ya nadie nos obliga a comportarnos de determinada manera. Scott dibuja un mundo en el que confiar en otro ser humano puede ser tan necesario como peligroso, y donde cualquier vínculo supone inevitablemente exponerse a perderlo.

En ese escenario adquiere una importancia enorme la relación entre el protagonista y su perro. Su vínculo representa quizá la última forma de afecto completamente limpia que permanece en un mundo donde casi todas las relaciones humanas están contaminadas por el miedo y la sospecha. 

También funciona especialmente bien su reparto. Jacob Elordi continúa demostrando que detrás de su condición de estrella existe un intérprete capaz de sostener personajes heridos desde la contención. Margaret Qualley aporta personalidad, fragilidad y una estimulante imprevisibilidad, mientras Josh Brolin vuelve a sacar partido de esa extraordinaria capacidad para transmitir amenaza, experiencia y humanidad prácticamente al mismo tiempo. 

Quizá la película podría haber profundizado todavía más en algunas de las cuestiones que plantea. Su premisa abre tantas puertas —la soledad, la necesidad de pertenencia, la reconstrucción de la confianza, el miedo al otro o la posibilidad de seguir siendo humano cuando el mundo ha dejado de comportarse como tal— que inevitablemente algunas quedan apenas entreabiertas. Hay ideas que permanecen más tiempo en la cabeza del espectador que determinadas respuestas ofrecidas por la propia película.

Pero también ahí reside parte de su atractivo, porque La constelación del perro termina funcionando mejor cuando deja de hablarnos del apocalipsis y comienza a hablarnos de nosotros, de nuestra necesidad casi irracional de establecer vínculos incluso cuando hacerlo puede destruirnos, de esa contradicción profundamente humana entre protegernos de los demás y necesitar desesperadamente que alguien permanezca a nuestro lado.

Ridley Scott construye así una historia de supervivencia que encuentra sus mejores momentos cuando mira más allá del paisaje devastado. Porque después del fin del mundo quizá la verdadera pregunta no sea cuánto tiempo conseguiremos seguir vivos, sino quién estará a nuestro lado cuando miremos al cielo y comprobemos que todavía quedan estrellas.

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