domingo, 25 de octubre de 2026

SITGES FILM FESTIVAL - ENTREVISTA A J.M. CRAVIOTO Y JERO MEDINA, DIRECTOR Y ACTOR DE "CIUDAD DE MUERTOS"

Ciudad de muertos
, dirigida por J.M Cravioto, acaba de tener su estreno en España en el Festival de Sitges, dentro de la sección Noves Visions. Producida por Península Films & Entertainment, la película propone un thriller psicológico con ecos del cine negro que parte del universo de la fotografía forense para construir una historia de ficción sobre la muerte, la investigación criminal y la fascinación por las imágenes. J.M. Cravioto, director y guionista; Jero Medina, actor protagonista; y Eduardo Díaz Casanova, productor, han estado presentes en el Festival de Sitges. Quique Rangel y Mike Sandoval, responsables de la música original, concebida e interpretada para dos contrabajos, los han acompañado en la presentación.

La película está inspirada en la obra del fotógrafo Enrique Metinides, que fotografió la muerte durante décadas en Ciudad de México. A partir de su legado profesional, Ciudad de muertos crea un personaje de ficción y un relato propio, en el que la fotografía se convierte en una herramienta para adentrarse en los territorios más oscuros de la ciudad.

Sinopsis: Cuando aparece un cadáver dentro de una maleta, Enrique, un reconocido fotógrafo forense, se ve involucrado en la investigación de un agente del servicio secreto que persigue a un asesino en serie. Lo que comienza como un encargo relacionado con su trabajo desemboca en una investigación poco ortodoxa, en la que los límites entre la realidad, la intuición y lo sobrenatural comienzan a desdibujarse.

La película nace de la fascinación de J.M Cravioto por el cine de género, y combina así thriller criminal, cine negro y elementos parapsicológicos para construir una mirada singular sobre una ciudad marcada por los terremotos, los accidentes y los crímenes, pero también por una extraordinaria tradición cinematográfica y fotográfica.

Gracias a nuestrxs amigxs de Trafalgar hemos tenido la oportunidad de entrevistar al director de la película y a su actor protagonista. Éste es el resultado de la entrevista:

Carlos Penela.- La película me ha sorprendido gratamente. En España no estamos acostumbrados a ver cine mexicano, me ha gustado todo, la historia, la puesta en escena, las interpretaciones, la dirección... ¡Felicidades!

J.M. CRAVIOTO.- 
Estamos muy contentos con presentarla acá y que se conozca en España. Y sí, es curioso lo que mencionas. Yo vivo en Madrid desde hace tres años y justo me he dado cuenta de eso, que no se ve tanto cine mexicano de este lado, tampoco tanto cine español del otro lado, pero sí que creo que desde México estamos más atentos a lo que se hace aquí. No lo digo como una crítica a la audiencia, sino como que es un fenómeno que debería estudiarse, hablando el mismo idioma y siendo dos países, quizá, los que más relación tenemos sanguínea en el mundo, como pocos, sería mucho más natural que nuestro cine estuviera más cerca. Lo digo porque lo mencionaste y eso lo he hablado mucho con los colegas de la industria mexicana.

Carlos Penela.- José Manuel ¿Qué encontraste en las fotografías de Enrique Metinides qué te hizo pensar que esta película necesitaba acercarse a él desde la ficción y el cine de género?

J.M. CRAVIOTO.- Tiene, creo que una fascinación mía por la fotografía de crimen, la fotografía de muerte, la fotografía de asesinatos, un poco de toda la vida, la de los autores, no solo en México, en Francia, en Inglaterra, hay muchos lugares donde se hizo este formato que incluso nutrió muy temprana edad del cine negro. Para mí era el decir, bueno, qué pasaría si en mi contexto, en mi país, esas fotografías nutrieran una película siendo yo tan aficionado y viendo a Enrique como el máximo exponente de la nota roja, que acá en España es la nota de suceso. La nota roja que en México es tan común, cómo transportar ese concepto a una película intentando buscar que el formato, si bien iba a ser una película, un homenaje al film noir, un homenaje al blanco y negro, a la fotografía, pero quería yo un poco dar a conocer este personaje fuera de México. Se le conoce en los círculos de fotografía de arte, de las galerías, se conoce su obra, pero la fuerza de su fotografía, en lo que narra es lo que yo encontré, historias que estaban detrás de esas escenas de muerte. Yo quería saber la historia detrás de quién tomaba esas fotografías.

Carlos Penela.- Jero, para construir a Enrique, ¿Cuál fue tu puerta de entrada, las propias fotografías, el manejo de la cámara, la vida interior de alguien que convive diariamente con la muerte?

JERO MEDINA.- 
Pues la verdad es que todo. Digamos que mi primer intento fue acercarme a quién era él, qué tipo de mentalidad y de personalidad tiene uno para tener un oficio así, porque además él, desde pequeño, desde niño, ya tenía la muerte enfrente. Entonces dentro de mi preparación, en un principio cuando platicamos Cravioto y yo de cómo vamos a aterrizar el personaje, "¿lo vamos a hacer como habla él o no?" Nos dimos cuenta que su manera peculiar de hablar no nos funcionaba del 100% en la película, porque creo que en la película hay una línea un poco invisible en donde el tono del actor se podría sobrepasar un poco. Me procuré en hacer un personaje que Enrique pudiera ver y decir desde allá arriba "yo podría ser esta persona". ¿Y a qué me refiero? Pues no tenía para mí un sentido hacer a un personaje que tuviera miedo de la muerte, que tuviera terror ni nada de eso. Enrique fue alguien muy audaz, muy valiente, vivió muchos accidentes en su vida, sobrevivió a muchos eventos y yo creo que la idea era formar un personaje en el cual la muerte y todo lo que tiene enfrente más bien fuera un cuestionamiento de qué está pasando con las dos realidades que vive él. Y pues también la música que trae Miguel Sandoval y Enrique Rangel ayudaron mucho a mi mundo interior. Cabe mencionar que los primeros dos días de rodaje vinieron ellos al set con sus instrumentos y tocaron un par de horas. Nunca me había tocado eso en algún set y creo que ese es un gran apoyo, porque si te da una idea de hacia dónde vas a llevar tu mundo emocional y tu mundo físico con el personaje. Yo recuerdo mucho estar en el set con los ojos cerrados y sentir esta vibración de las cuerdas, que te hace entrar como en un mundo oscuro, noir, y ayudó a poner la pauta para el tipo de Enrique que íbamos a proponer. Obviamente pues sí, fue investigar sus fotos, cuando me dieron el personaje, en el momento que me avisaron que iba a ser Enrique, pues me acordé que un amigo mío hace muchos años me había regalado un libro de Metinides, el cual me lo eché todo y recuerdo preguntarme "qué tipo de persona hace este tipo de trabajo". La muerte la tenía enfrente todo el tiempo, hasta en sus propias fotos. Hay una foto con un incendio donde se ve como entre la mezcla del humo y el fuego se ve la muerte saliendo. Otra foto que mencionaba Crayoto de una mujer, está muerta y hay una rama, una mano, que parece salir a agarrar a la mujer. Enrique cuando lo conoció y le platicó de esa foto, le dijo "mira, es la muerte agarrando a la chava". Entonces, pues sí, una persona que no tiene miedo podría hacer eso. Tomando el género, para mí era importante no pasarme esta línea para que no desbalanceara, porque al final es un homenaje a su trabajo, no es un trabajo biográfico. Fue también mucho en el momento construir el personaje, fue complejo entender el género con lo que yo quería mostrar. Y también, digamos, quise poner mucha cercanía personal. Enrique y yo nos parecíamos mucho cuando era joven y su papá le había regalado una camarita brownie, que fue con la que él empezó. Y mi papá también me había regalado una camarita igual una brownie también. Entonces, en el momento en el que me di cuenta de esto, estas conexiones, obviamente para mí surge una atención sumamente detallada al respeto, de quién fue él, mucho detalle, cuidarl,o y es algo que procuro hacer también en todos los personajes verídicos que existieron.

Carlos Penela.- José Manuel, una de las cosas que más me ha gustado es cómo el blanco y begro construye la atmósfera de la película. ¿Cómo trabajaste con Diego Tenorio para que esa elección expresara también la forma en la que Enrique percibe el mundo?

J.M. CRAVIOTO.- Creo que de los elementos más bellos y que más orgullo me provocan es la fotografía de la película. Creo que el blanco y negro siempre me ha gustado. Te podría decir que en los primeros trabajos como estudiante de cine, incluso todavía filmado en 16 milímetros, hice mucho blanco y negro, siempre me gustó y siempre quise volver al el blanco y negro, pero desde un lugar con mucho cuidado y precaución, porque a veces el blanco y negro puede ser una salida fácil a ponerle una etiqueta a algo que es una película o de arte o personal o de época. Entonces yo justo lo que yo quería con esta película es que no fuera que te prepusiera algo así "ah, es que es de época", "ah, es que de arte".  Y no quería hacer eso, por lo tanto yo quería un poco la anti película blanco y negro, con todo y que amo el profundamente blanco y negro, dije esta no es. Pero Diego Tenorio me dijo "no, esta película debe ser blanco y negro". Por otro lado había una serie de películas mexicanas que se han estrenado los últimos años, con muy buena recepción en blanco y negro, dije no, una película más en blanco y negro mexicana, yo creo que ya se acabó ese espacio, no nos repitamos, pero de nuevo Diego Tenorio, y por eso colaboramos tan estrechamente, me dijo "no, hemos construido esta película a partir de esa fotografía, de esas fotografías que los inspiraron, esta película es un tributo a la fotografía y debemos hacerlo en blanco y negro". Diego me convenció porque yo confío mucho en mis colaboradores, va de un lugar profundo, y me alegro que menciones el nombre de Diego porque es algo que tenemos una relación profunda en ese sentido, el confiar y decir "este tío lo está diciendo por algo", y dijimos "venga, vamos a hacer el blanco y negro". Yo ya sabía del talento de Diego, pero la película que genera Diego con su fotografía y lo que hicimos en cámara es una atmósfera, es una belleza muy particular, que es una carta de amor a la fotografía, muy inspirada en la fotografía mexicana del siglo XX, e incluso Diego Tenorio llegó a proponerme que hiciéramos un formato de fotografía, o sea el aspecto ratio de la película es un aspect de fotografía, no existe ese aspecto en cine, no es el 4/3 tercios o el 16/9, es el equivalente a una fotografía impresa de minilab, incluso Diego llegó al grado de decir eso y componer unas plantillas en el set para encuadrar y para acercar aún más los cuadros a la fotografía fija, así que sí, hay un tratamiento y un trabajo de Diego Tenorio espectacular.

JERO MEDINA.- 
 Mucho también de lo de Diego fue parte de esa preparación, "esto se vería increíble de esta manera, con esta expresión". Siento que la película tiene como muchas particularidades muy finas, o sea, sí es en blanco y negro, pero no hay ninguna en blanco y negro como esta. Siento yo que es un blanco y negro un poco más denso, un poco más oscuro que las otras que hemos visto en México, por lo menos. Diego lo llevó a un tratado de fotografía. Como actor, era como formar una interpretación que apoyara eso, no que fuera como que al revés, no que se enfocara más en la actuación, sino que se enfocara en la fotografía, porque creo que es el tema primordial ahí, el trabajo de Enrique.

Carlos Penela.- Jero, tu interpretación transmite mucho a través de la mirada, de los silencios y de la contención. ¿Cómo trabajaste esos pequeños gestos para que pudiéramos percibir lo que le ocurre a Enrique, incluso cuando él no lo verbaliza?

JERO MEDINA.- Gracias. Pues sí, yo creo que era tratar de encontrar este punto en donde él se cuestiona todo, se cuestiona sus realidades. Quizá al mismo tiempo agregarle un pequeño toque de ingenuidad ahí para no oscurecerlo tanto, hacerlo gentil, una mirada gentil tomando en cuenta todo lo que había a su alrededor. Entonces creo que era para mí importante quizá mostrar un poco de esa luz, por medio de esa mirada en el cine negro, y de así encontrar en él su humanidad, que creo que es muy importante en todos los personajes. Y pues obviamente con Cravioto bordar bien las escenas, en el sentido de dónde aprovechar los silencios, aprovechar el género y llenar esos silencios. La ambientación hace un gran trabajo, un todo en que se mantenga ahí, en que tú te quedes aferrado a ver qué pasa. Pues eso fue lo que yo tenía en mente para Enrique en estos momentos.

Carlos Penela.- Para ambos, la película plantea una cuestión incómoda. Una fotografía puede preservar la memoria de una víctima y al mismo tiempo convertir su tragedia en una imagen que otros consumen ¿Cómo os acompañó esa tensión durante el trabajo?

J.M. CRAVIOTO.- 
Sí, siempre me lo planteo mucho todo el tiempo. ¿Cuáles son los límites éticos o morales de una obra? La muerte, ¿Cómo es expuesta y vendida? Me lo cuestionó mucho hasta el momento. Por un lado pienso "ya estás muerto, ya que más da, una fotografía da igual, no te enteras". Para los que creen en una segunda vida, pues sí, seguramente se verán desde una nube y sufrirán viendo su fotografía. Pero en realidad hay una importancia, la importancia es para los que se quedan. Creo que para los que se quedan, y no sólo para la familia de víctimas, que quieres todavía exponerlos a una segunda etapa de dolor, a una foto. Pero creo que de quien, como diría mi coguionista Bernardo Esquinca, en una de sus novelas, y que está un poco expresado en la película también como un homenaje a la obra de Bernardo como escritor, como novelista, es que realmente habla más de nosotros, de los vivos. Nosotros somos quienes ponemos sus límites, nosotros somos quienes lo entendemos. Por eso es importantísima la figura de Enrique, porque sus fotografías no faltan al respeto. De alguna manera, cuando ves a un un chico de 10 años muerto en un accidente automovilístico o en un accidente de bicicleta, al no estar solo, al estar acompañado de los mirones en una posición fúnebre, ya en sus fotografías hay un tributo a esa persona que se fue, implícito, aunque son mirones y aunque hay morbo, él lo lleva a través de la imagen y la estética y la plástica, lo lleva a una escena de funeral y lo lleva a una segunda o tercera capa donde la gente que mira, mira a la cámara, a decirte "tú también estás mirando desde la fotografía". Son una cantidad de conexiones, que por eso las fotografías de Enrique se cuecen aparte y son una categoría aparte en la fotografía. La fotografía de Enrique Metinides es inclasificable, vive en otro lugar, vive a medio lugar entre la fotografía de crimen que se desecha todos los días y la fotografía que perdura en una exhibición o en la sala de una casa. Una fotografía de Metinides que vale miles de dólares y puede decorar un espacio familiar por la fuerza de la estética. Y creo que eso en la película es lo que quisimos lograr, como esa poética visual de la muerte, que es lo que tenía Enrique.

JERO MEDINA.- Es que además, este tipo de representación de arte, yo creo que empieza con él y termina con él, porque hoy en día creo que se ha perdido un poco el respeto por el muerto. Después de Enrique, ¿dónde has visto más fotografías de accidentes y que todo mundo diga "wow"? Ya no hay. Sobre todo en México, que somos también muy sensacionalistas en ese aspecto, ya los títulos de las fotografías en los periódicos amarillistas es otra. Entonces, algo que me encanta de Enrique es que él mantuvo su propio estilo y su propia manera de interpretar la muerte, no hay otra persona que haya podido hacer lo mismo, porque la muerte, en mi opinión, la tenemos enfrente todo el tiempo. Es parte de la vida. Es parte de la vida y yo creo que también ese mobo que tiene la gente de acercarse es un poco verse a sí mismos, "ese podría ser yo". Entonces también te está mostrando una parte del humano que yo creo que escondemos por miedo a lo desconocido. Y cuando sucede algo así tienes la oportunidad de ir a ver algo que en algún punto nos va a tocar, no de esa manera, también esto es muy representativo de la cultura mexicana, el día de muertos, pues también es el trabajo de Metinides, cada muertito que haya tomado ahí me imagino que terminaron las fotografías de ese muerto en un altar, con su calavera de azúcar, su cempasúchil, su honradez, y yo creo que es algo muy bonito de Enrique, cómo acerca la vida a la muerte y al revés.

Carlos Penela.- Para terminar, ¿Qué habéis aprendido y con qué os quedáis de haber hecho Ciudad de Muertos?

J.M. CRAVIOTO.- 
En mi caso como director, como guionista, te diría que es la película. Todas las películas que he hecho, incluso series en las que participo, son muy personales, y deben ser muy personales porque si no hay ese involucramiento, yo no sé la gente cuando toma un encargo debe sufrir mucho, porque para mí no existen los encargos, existe mi involucramiento como un trabajador audiovisual o un narrador. En el caso de "Ciudad de Muertos", películas que surgen de una historia en la que yo me involucro directamente desde la creación de la película, automáticamente son trabajos personales, por eso insisto, siempre son personales. Pero dentro de ese universo diría que es la película más personal que he hecho por querer plasmar y experimentar y jugar un poco con lo que hasta el momento me ha tocado jugar un poco, que es el thriller, que es el drama, los monstruos, la muerte, pero quería llevarlo y moldearlo desde otro lugar. Mi mayor aprendizaje es como director, y para mí es una película que es parte de un proceso ,de encontrar eso. Me encanta estar en sillas presentándola aquí en Sitges en Nuevas Visiones, porque para mí esta película implica una nueva visión a nivel personal acerca del cine que quiero hacer y qué es lo que quiero hacer, con eso me quedo. Viví un proceso de jugarme en contra todo el tiempo, de cuestionarme, de no querer hacer una escritura, de siempre decir bueno, este acto funciona o esto tiene un gancho para cerrar y la siguiente lazarlo para la siguiente escena, la música tiene que guiarte desde tal, en todas las etapas de la creación de la película, incluida la fotografía. Por eso la apertura a dialogar con el fotógrafo, decir "lo primero que piense, eso quizá no es el camino correcto", tengo que ir madurando el proyecto en cada proceso que viva, y por eso Jero me recordaba hoy que nos volvimos a ver después de un tiempo, que hasta el día que empezamos a filmar, todavía no estaba el guion definitivo escrito, y era justo eso, un cuestionamiento hasta el último minuto, incluso filmando. De esta película decía yo, claro, tú no tienes más de 24 horas y las 12 del día para rodar, pero era de esta película yo me voy a enfrentar a ella en la mesa de montaje en un par de meses. ¿Qué le puedo dar a ese yo del futuro que se va a cuestionar esto mismo y no lo estoy viendo ahora? Entonces decía, bueno, ahora quiero probar algo distinto, pero que quizá habría una línea distinta que sé que mi yo del futuro va a poder ser que quiera probar. Entonces era un poco el molde, alguien lo llamaría inseguridad, titubeo, pero yo lo veo como una claridad, el saber que yo iba a jugar el material para luego llevarlo al montaje. Tener la claridad de llevarlo. Entonces, aprendí muchas cosas. Fue una película que fui moldeando en muchas etapas. Se reescribió el guion completamente un año antes de filmar, lo que ya teníamos trabajado, donde salieron muchísimos personajes, muchísimas cosas en el montaje, salieron secuencias completas que rodamos. Era más que nunca entender a la película como un ser vivo que hasta que no sale el último export para hacer el DCP y que puedan ver una exhibición como la de hoy, hasta ese momento la película está viva.

JERO MEDINA.- Definitivamente fue para mí un proceso. Creo que es la primera película que hago con este grado de arte, me atrevo a decir, con un personaje así. Me ha tocado hacer muchos personajes verídicos, es más, casi toda mi carrera son personajes biográficos, pero ninguno como Enrique. Recuerdo leer el guion mientras iban saliendo las diferentes ediciones, y yo sí me decía "¿cómo le voy a hacer?" No sabía exactamente cómo lo iba a abordar. Desde un principio dije voy a acercarme a él lo más posible, a su esencia. Entonces, pues empieza a trabajar su tono de voz, su manera de hablar, de terminar, todo eso, y  luego llegamos al set y fue "esto no va a funcionar así". Entonces, para mí el reto ahí fue ir con mi instinto, así de puro, sin darle tantas vueltas, ir con lo primero que yo sentía y en eso pues iba checando con Craviotto, "¿vamos bien?", "¿se ve bien la expresión?", "¿se ve bien todo el detalle?. Para mí fue una meditación muy larga, siento yo, de estar muy presente, de entender también. Nunca había hecho un thriller, me procuré mucho en no irme en esta línea que pudiera ser sobreactuado, tampoco quiero decir subactuado, pero me estaba yo cuestionando si era verdadero o no, pero siento que sí de alguna manera constructiva lo es, para no pasarme la raya. Porque además vemos a Enrique que le suceden cosas que mucha gente piensa que le pasó, lo ven en un manicomio, pero es que Enrique nunca entró al manicomio. Entonces justamente era ahí, de no pintarlo de loco, no pintarlo de miedoso, era como agarrar todas estas cosas que podrían ser, traerlas al centro y de ahí nada más soltar un poquito de estas partes. Entonces sí, fue un gran reto creativo. Yo tenía muchas ganas también de trabajar con Cravioto, ya se me hizo la primera de muchas. Entonces pues sí, para mí creo que es mi proyecto más especial, la verdad. También poder estar aquí en Sitges, en el lugar correcto, indicado para esta película y que la pueda ver el mundo, que la pueda ver España es un gran paso.

J.M. CRAVIOTO.- Un último aporte, para decir mi experiencia en una frase, yo quería hacer un film noir, tengo un film noir, y eso uno de esos check de vida.

sábado, 24 de octubre de 2026

RESEÑA DE "LAS CIEGAS HORMIGAS (INURRI ITSUAK)" - CUANDO LA MISERIA CONVIERTE LA SUPERVIVENCIA EN UNA GUERRA Y LA DIGNIDAD

Introducción y sinopsis

Las Ciegas Hormigas (Inurri Itsuak), tercer largometraje del cineasta Igor Legarreta (Ilargi guztiak (todas las lunas), Cuando dejes de quererme), tuvo su estreno en cines el pasado 9 de octubre, con distribución de Buena Vista International.

La cinta está protagonizada por Urko Olazabal (Goya al Mejor Actor de Reparto por Maixabel, nominado a Mejor Actor Protagonista por Soy Nevenka), Itziar Ituño (La casa de papel, Intimidad, Irati), Josean Bengoetxea (Balenciaga, Errementari, Loreak), Miren Gaztañaga (Los últimos románticos, Ane, El hoyo) y Carlos Santos (El refugio atómico, Invisible, 1992).

Completan el reparto de la película Unax Hayden (20.000 especies de abejas, Irati), Patxi Bisquert (Oreina, Tasio), Daniel Cabrera (Querer), Kimetz Etxabe (Go!azen), Markel Cocó (Nosotros), Anuk Puértolas y Elena Uriz (Irati).

Escrito en euskera por Legarreta y Andoni de Carlos (Faisaien irla, Altsasu, Goya por Handia), el guion de Las Ciegas Hormigas (Inurri Itsuak) se basa en la aclamada novela Las ciegas hormigas de Ramiro Pinilla, editada por Tusquets Editores, S.A., una historia de supervivencia en la España de los años 30 del siglo XX que mereció el Premio Nadal en 1961. El film se ha rodado en distintas localizaciones de Bizkaia (Bilbao, Elorrio, Galdakao, Getxo, Gorliz, Sagasta, Mundaka) donde se combinan algunos de los parajes naturales más impresionantes del País Vasco junto a la construcción de grandes decorados.

El director Igor Legarreta explica que “es un verdadero honor haber llevado al cine una de las novelas más importantes de la literatura vasca”. Y estoy muy satisfecho porque por fin vamos a estrenar la madre de todas las tormentas. No creo que se haya rodado una tormenta tan épica, ha sido una hazaña técnica”.

Las Ciegas Hormigas (Inurri Itsuak) es una producción de Lamia Producciones, Lamia Films, LAZONA Zinema, LAZONA Producciones, Bruja del norte AIE, Buendía Estudios Bizkaia y Sideral Cinema; en coproducción con Caviar Antwrp B.V. La película cuenta con la participación de EITB, Atresmedia y HBO Max; con la colaboración del Departamento de Cultura y Política Lingüística del Gobierno Vasco, Gobierno de Navarra y Diputación Foral de Bizkaia; y con la financiación del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), Elkargi, S.G.R. y Kutxabank. Playtime se encarga de las ventas internacionales de la película.

Dirigida por Igor Legarreta, la película cuenta con Imanol Nabea (Tratamos demasiado bien a las mujeres) como director de Fotografía. Mikel Serrano (Goya por Akelarre y Handia) es el director de Arte. Maite Tarilonte (La fortuna, Patria) se encarga del Vestuario. Abigail Machado (Vampire Academy) se ocupa del Maquillaje, y Clara Domínguez (Las invisibles), de la Peluquería. Maialen Sarasua (Faisaien Irla, Marco) es la Montadora. Pascal Gaigne (Nosotros, La trinchera infinita, Goya por Handia) firma la Banda Sonora Original. La cinta cuenta con producción ejecutiva de Pablo Barinaga, Luis Ferrón e Iker Ganuza. Está coproducida por Robin Kerremans y Bert Hamelinck; y producida por Gonzalo Salazar-Simpson, Luis Ferrón, Iker Ganuza, Ignacio Corrales, Roberto Butragueño y Helena Taberna. Y coproducida por Robin Kerremans y Bert Hamelinck.

Sinopsis: Bizkaia, 1935. Un duro temporal hace encallar un barco inglés con toneladas de carbón en su interior. Durante la noche, los vecinos de Algorta se agolpan en la costa para rescatar el oro negro. Sabas Jauregui lo ve como un golpe de suerte; Josefa, su esposa, como un mal presagio. Sin atender sus ruegos, Sabas arrastra a sus hijos hacia la violenta tormenta. La familia hará lo impensable por proteger el carbón que podría salvarles del invierno… o condenarles para siempre.


Licenciado en Audiovisuales por la Facultad de Bellas Artes del País Vasco/ EHU, Igor Legarreta (Bilbao, 1973) escribe y dirige varios cortometrajes, entre los que destacan El Trabajo (1998, premios del jurado en los festivales de Montpellier y Locarno); y El Gran Zambini (2005). En 2002 dirige dos capítulos de la serie Urban Myths Chillers. Es autor del guion de la película para televisión Regreso a Moira (2006), dentro de la serie Películas para no dormir producida por Filmax para Tele 5; y del guion del largometraje Autómata (2014) producido e interpretado por Antonio Banderas, y donde dirige la dirección de la segunda unidad durante el rodaje. También dirige la segunda unidad del largometraje Zipi y Zape y la isla del Capitán (Oskar Santos, 2016). Es coautor de los guiones de Aries (2005) y 9 Santos (2018), ambos subvencionados por el Gobierno Vasco, y Rondo (2011), subvencionado por el ICAA. En 2017 dirige su ópera prima, Cuando dejes de quererme. En 2020 rueda su segundo largometraje, Ilargi guztiak (todas las lunas). Las Ciegas Hormigas (Inurri Itsuak) es su tercera película. También ha dirigido seis capítulos de la serie Operación Marea Negra (2023, 2024).


Sobre la película

En la costa vizcaína de los años treinta, el mar no solo arrastraba temporales, sino también las esperanzas de quienes apenas tenían nada que llevarse a la boca. Las ciegas hormigas, el nuevo largometraje de Igor Legarreta, adapta la novela homónima de Ramiro Pinilla y nos sumerge en una sociedad castigada por la pobreza, donde la supervivencia no entiende de escrúpulos y la necesidad puede convertir al vecino de toda la vida en el peor enemigo. Un relato áspero, profundamente humano y de una intensidad creciente que tuvo su estreno mundial en el Festival de San Sebastián, dentro de Zinemira.

La historia arranca con un violento temporal que hace encallar un buque inglés cargado de carbón frente a las costas de Algorta. Lo que podría parecer un accidente marítimo se convierte rápidamente en una oportunidad inesperada para una población que malvive entre privaciones y dificultades económicas. Ese carbón, convertido en auténtico oro negro, despierta las ambiciones de unos vecinos que ven en él la posibilidad de afrontar el invierno con cierta tranquilidad. Pero Legarreta tiene la inteligencia de transformar esa circunstancia en algo mucho más inquietante: un retrato de cómo la desesperación descompone la convivencia, alimenta las rivalidades y hace saltar por los aires las normas no escritas de una comunidad. La solidaridad se resquebraja cuando todos necesitan lo mismo y nadie está dispuesto a renunciar a su parte.

Uno de los grandes aciertos de la película reside en su extraordinaria capacidad para reconstruir una época sin caer en el artificio de las recreaciones históricas excesivamente pulcras. Aquí hay barro, frío, oscuridad, ropa castigada y rostros que parecen llevar toda una vida soportando las inclemencias del tiempo. La magnífica fotografía de Imanol Nabea convierte la costa vasca en un escenario tan hermoso como amenazante, mientras que la dirección artística de Mikel Serrano y el vestuario de Maite Tarilonte completan una ambientación de enorme credibilidad. La cámara encuentra belleza en la crudeza, en las sombras y en la fuerza de un paisaje que parece conspirar contra sus habitantes. A ello se suma la sugerente partitura de Pascal Gaigne, que acompaña la tensión dramática sin arrebatar protagonismo a las imágenes.

Pero bajo esa lucha colectiva por hacerse con el carbón late otro conflicto, mucho más íntimo y no menos devastador: el que enfrenta a Sabas Jauregui, interpretado con una contundencia extraordinaria por Urko Olazabal, y su esposa Josefa, a quien da vida una espléndida Itziar Ituño. Él representa una autoridad patriarcal cimentada en la convicción de que corresponde al hombre tomar las decisiones, incluso cuando estas ponen en peligro a su propia familia. Ella encarna la lucidez de tantas mujeres condenadas a sostener el hogar sin disponer de verdadera capacidad para decidir sobre su destino. Sus enfrentamientos retratan una desigualdad profundamente arraigada, donde la obediencia femenina se daba por descontada y cuestionar al marido suponía desafiar todo un orden social. Josefa se convierte así en uno de los personajes más interesantes de la película, una mujer cuya fortaleza no nace del poder, sino de su resistencia frente a él.

Legarreta acierta también al evitar una lectura simplista de sus personajes. Sabas no es únicamente un hombre autoritario y obstinado, sino alguien consumido por la responsabilidad de sacar adelante a los suyos, incapaz de reconocer que su empeño por protegerlos puede terminar destruyéndolos. Esa contradicción alimenta buena parte de la tensión psicológica del relato y permite que la película funcione tanto como drama familiar como estudio de una comunidad al borde del colapso moral. Las disputas por el carbón, los recelos entre vecinos y la progresiva pérdida de humanidad revelan hasta qué punto la miseria puede convertir una oportunidad de salvación en una condena. Y ahí reside una de sus reflexiones más incómodas: cuando el miedo a perderlo todo se apodera de nosotros, incluso aquello que hacemos por amor puede acabar siendo profundamente cruel.

Las ciegas hormigas es, en definitiva, una notable muestra de ese cine vasco que sabe encontrar en sus raíces historias de alcance universal. Una película de atmósfera poderosa, interpretaciones convincentes y una puesta en escena que exprime admirablemente las posibilidades dramáticas del paisaje y de sus personajes. Puede que su dureza y su deliberada incomodidad no la conviertan en una propuesta especialmente complaciente, pero precisamente ahí radica buena parte de su personalidad. Igor Legarreta firma un relato de supervivencia, orgullo, desigualdad y desesperación que deja un poso amargo y nos recuerda que, en determinadas circunstancias, la frontera entre la dignidad y la barbarie puede ser tan frágil como una noche de tormenta. Una película que no necesita levantar la voz para dejar una huella profunda.

Una reseña de Carlos Penela Sánchez

SITGES FILM FESTIVAL - ENTREVISTA A J.M. CRAVIOTO Y JERO MEDINA, DIRECTOR Y ACTOR DE "CIUDAD DE MUERTOS"

Ciudad de muertos , dirigida por J.M Cravioto , acaba de tener su estreno en España en el Festival de Sitges, dentro de la sección Noves Vis...