Cowgirl, dirigida por Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens (Cosas que hacer antes de morir), y protagonizada por Isabel Rocatti, Carlos Cuevas, Pep Munné y Joaquín Climent, se ha estrenado en cines de la mano de Filmax. Completan el reparto de esta comedia romántica Carles Sanjaime, Verónica Andrés y Àngel Fígols, y cuenta con la colaboración especial de Mamen García y Amparo Fernández. Rafael Albert firma el guion, con la colaboración de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens. Una feel good-movie de personajes entrañables y que pone en valor la vida rodeada de naturaleza.
Sinopsis: Empar, una granjera de 60 años, necesita que su vaca Tona se quede preñada para mantener su granja. Tras varios intentos fallidos, pide ayuda a Bernat, dueño de la mayor granja de la zona. Cuando Tona lo consigue, el veterinario advierte que la gestación es de riesgo. Empar se enfrenta al pueblo para proteger la tranquilidad de su vaca. Con la ayuda de Riqui, un joven recién llegado, y Bernat, descubrirá que nunca es tarde para comenzar de nuevo.
Rodada en el parque natural de La Tinença de Benifassà y las comarcas de El Maestrat y Els Ports de Cowgirl es una producción de The Fly Hunter, Aguacate & Calabaza Films y Produccions Quart; con la producción y producción ejecutiva de Lorena Torres, Núria Velasco, Anaïs Schaaff y Abigail Schaaff, y la producción delegada de Jorge Velasco. Cuenta con la participación de RTVE, À Punt, 3Cat, y con el apoyo de IVC e ICEC.
Notas de los directores. "Cowgirl es una historia en la que la fertilidad de una vaca se convierte en destino para la vida de una mujer de 62 años que vive sola en una masía de un pueblo diminuto de la comarca de Els Ports (Castellón). A través de esta simple peripecia, la película nos va descubriendo la vida de Empar, el complejo universo de relaciones humanas en un pueblecito de montaña, y una forma de vida que está íntimamente relacionado con la tierra, la tradición. Una historia donde las segundas oportunidades se revelan para todos los protagonistas de esta comedia romántica.
Cowgirl contiene mucho de aquello que conforma la vida, mucho de lo que nos agita y conmueve. Hay emoción, comedia, misterio y aventura; hay amor y drama. Un complejo cosmos donde las relaciones, las experiencias y los vínculos con el paisaje son los absolutos protagonistas."
Gracias a nuestras amigas de Revolutionary Press pudimos entrevistar, en el marco del BCN Film Fest, a la directora de la cinta, Cristina Fernández Pintado, así como dos de sus protagonistas, Isabel Rocatti y Carlos Cuevas. Además, tuvimos el honor de hacer la entrevista con nuestro grand amigo y compañero Carlos Garries (@Nexus101, Butaca 107). Éste es el resultado de la entrevista:
Carlos Penela.- Cowgirl juega con un imaginario muy reconocible como el western, pero lleva un terreno íntimo y contemporáneo. Cristina, ¿en qué momento sentiste que esa mezcla podía funcionar? ¿Lo habías planteado así desde el principio?
CRISTINA FERNÁNDEZ PINTADO.- Bueno, hay algo que ya venía en el guion de Rafael Albert, que él ya proponía. Es verdad que, claro, cuando coges un guion que no es tuyo de repente tienes que transitar por el universo y hacerlo tuyo. Había algo que yo quería hacer, que era darle capas de un tipo a esta historia, que igual en primigenio no estaban porque el guion apostaba más por la peripecia, por toda esta aventura casi heroica de Empar. Yo quería darle esas capas a una mujer que ha estado criada para cuidar, para sostener, para tener la mirada fuera continuamente, y que ahora se encuentra en un lugar de pérdida y que por primera vez empieza a auto descubrirse y a mirarse a sí misma. Entonces yo creía que podía encajar, porque al final es una aventura interna y una aventura externa, pero que a la vez todo tiene muchas capas. También está la peripecia de empeñarse en que su vaca para, que se quede embarazada, ello lleva silenciosamente otras muchas cosas: continuar un proyecto vital, seguir apostando por un tipo de vida, la permanencia, dejar huella en este mundo... Yo creo que han funcionado muy bien, creo que maridan muy bien.
Carlos Penela.- Isabel, ¿Cómo ha sido rodar en un paraje como ese?
ISABEL ROCATTI.- Uf, la naturaleza es allí muy potente, muy fuerte. Hay montañas potentes, pero hay unos valles... Allí la naturaleza te demuestra que es lo más maravilloso que tenemos en la Comunidad Valenciana. Es esa zona, es la más mágica. Se rodó en Morella, en Els Ports, en el Parque natural Tinença de Benifassà. Es maravilloso. Bueno, a mí me fascinó. Me quedé enamorada de esas montañas.
Carlos Garries.- ¿Y cómo ha sido rodar con una vaca?
ISABEL ROCATTI.- Yo nunca había tocado una vaca, nunca. Recuerdo que la acabé amando, y ella me amó a mí tal y como amó a todo el equipo. Yo aluciné, eran 500 kilos de vaca, y encima embarazada. Era una barbaridad. Recuerdo el día que subimos a conocer a la vaca, que fue bastante antes de empezar el rodaje, yo ese día pensaba que si la vaca y yo no congeniábamos, la que se iba del rodaje era yo, porque la vaca sí o sí se iba a quedar (risas). Así que pensé que debíamos hacernos amigas rápidamente. Hubo un momento en el que giró la cabeza, clavó en mi el ojo, fueron unos segundos, nos miramos, y a partir de ah, amigas, fue impresionante. Nunca me había pasado, yo soy una persona que nunca he tenido mascotas, no tengo relación con animales normalmente, y claro, yo estaba muy asustada. El trabajo con ella fue precioso, ¡y muy fácil!
Carlos Penela.- Isabel, tu personaje transmite mucha fuerza, pero también mucha fragilidad. ¿Cómo construyes un personaje con esa ambigüedad?
ISABEL ROCATTI.- Evidentemente depende de la escena. Yo, como actriz, supongo que hago lo que toca en cada escena. mi personaje Empar es una parte más de esta naturaleza que he descrito con una fortaleza preciosa, que es Morella. Ella es un elemento más del entorno, está criada allí, es una pieza más y tiene esa fuerza, la fuerza de la vida, a pesar de que ella se haya encerrado y haya querido morir, Y de ahí viene la fragilidad, de decir sí a la vida de nuevo: las nuevas personas que encuentra, hay una mirada hacia una misma de compasión, ella puede ver su herida y se puede mostrar vulnerable, sencillamente por haber dicho sí a la vida.
Carlos Garries.- Carlos, segunda película ya en el BCN Film Fest este año. ¿Cómo lo llevas?
CARLOS CUEVAS.- Es casualidad, de verdad. Sí que es verdad que llevo una racha muy larga. Mira, ahora para San Juan haré vacaciones, y hará tres años que no hacía. Sí que llevo muchos años trabajando, pero es también una casualidad que dos películas tan diferentes, de géneros tan diferentes, coincidan en la presente edición del Festival. Lo mejor de todo es que yo vivo en este barrio, por lo tanto, perfecto. Vengo caminando por estas calles que conozco, así que feliz, y muy contento de mostrar estas películas en casa y de poder compartirlas con los vecinos y vecinas del barrio.
Carlos Garries.- Y ese personaje tuyo, ¿Cómo lo trabajaste? Está muy bien la analogía entre lo que es el campo y lo que es la ciudad.
CARLOS CUEVAS.- A mí me interesó mucho la peli cuando la leí, primero por las novedades que me aportaba, y después por la materia en sí. Una película rural, una película con un personaje, con un entorno y un contexto complicado que decide jugar a tener un nuevo inicio en un lugar donde no es conocido, una relación con una persona de una edad diferente, la relación con los animales, todo esto era innovador y muy interesante para mí. La dirección de Cristina y de Miguel, hacer una película con esa fonética tan variada y rica (si yo tuviera un superpoder sería el de hablar tres o más idiomas), hacer una peli en valenciano, conocer Morella, estar allí desplazado y viviendo en el hotel... ¿Quieres más ingredientes? Lo más bonito del cine es la inmersión en un territorio, en una gente, y probar unos platos y unos olores, e impregnarte en un sitio que te ayuda con tu personaje.
Carlos Garries.- Cristina, Cowgirl es una película muy valenciana, hablada en valenciano, rodada en Castellón, todo ello impregna la película. ¿Es algo que tenías claro desde el principio?
CRISTINA FERNÁNDEZ PINTADO.- Sí, lo teníamos claro desde el principio, todo esto ya lo planteaba el guion, pero es algo que buscábamos especialmente con Miguel Llorens, el otro director, que ha trabajado mucho en el mundo rural y en el mundo de lo salvaje, es algo que le gusta mucho. La Comarca de Els Ports era el lugar perfecto, yo la conocía menos, es una comarca que linda con Cataluña, por lo que era una hermandad perfecta para esta coproducción. Ha sido muy importante respetar nuestra lengua, las tradiciones, sus variantes (las variantes de Els Ports), el apostar por la riqueza lingüística, que es fantástica. Al final la película está apostando por eso, por una vida rural que respeta la tierra y la tradición.
Carlos Penela.- Carlos, Isabel, la relación entre vuestros personajes tiene algo muy orgánico, casi de conexión invisible. ¿Cómo construisteis esa química en pantalla?
CARLOS CUEVAS.- Simplemente estando, pasando tiempo juntos, trabajando....
ISABEL ROCATTI.- Sí, estando. Personalmente puedo decirte que tengo una estima muy grande hacia Carlos, nos conocemos desde que era más pequeño, de la serie "Vent del Pla", todavía recuerdo la última escena que rodamos en la que estaba Carlos. Todo el equipo de los más mayores viendo y llorando de ver cómo ese niño había crecido. Esto a mi internamente me facilitó mucho el encuentro con Carlos y luego que como actos ha crecido muchísimo, es magnífico, y es un muy buen compañero de escena.
Carlos Penela.- El paisaje tiene una presencia muy potente, casi como un personaje más. ¿Cómo trabajasteis la relación entre entorno natural y estado psicológico?
CRISTINA FERNÁNDEZ PINTADO.- Pues mira, nosotros decidimos estar abiertos, en la intemperie, que es como vive la gente en el mundo rural, donde están expuestos a lo que pueda pasar. Nosotros decidimos también estar expuestos, no nos quedaba otra, las localizaciones eran naturales, pero viviéndolo de una manera positiva, que pasara lo que pasara aceptarlo, y que ello iría transformando la película, que es lo que pasa con los personajes. Los personajes hacen un viaje que los va transformando, y siempre abrazados a este entorno. Ese elemento cambiante está en todas partes, está en el paisaje y está en los mismos personajes que están haciendo un cambio vial interno, emocional y muy potente.
Carlos Garries.- Es que, además, el paisaje, el que estuvierais todos durante el rodaje en aquel pueblo, hace que se note una comunión entre todo el equipo, y eso se transmite en la pantalla.
CARLOS CUEVAS.- Yo también creo que esto es mérito de los directores, ¿no? De Miguel y de Cristina. A veces cuando me dicen, ¿Qué química tienes con tal actriz? Y dices, bueno, es que quizás hay un buen director detrás que sabe manejar todo eso. La química es algo tan relativo, a veces pasa y a veces no. Yo he tenido grandes resultados con gente con la que no me entendía y malos resultados con gente con la que me entendía mucho. Por tanto, también confío en el oficio de los directores, que son los que nos saben llevar por un sitio u otro, además de confiar en el propio oficio, que sabe o nos dice "bueno, vamos a contar esta historia".
Carlos Garries.- Al mismo tiempo, es una película donde has escogido a un personaje protagonista muy particular, esa vaca a través de la cual vemos cómo es todo el pueblo. ¿Cómo querías transmitir eso?
CRISTINA FERNÁNDEZ PINTADO.- Mira, yo creo que hay un poco de reivindicación, un pequeño grito de rebeldía de lo salvaje, que para nosotros es la vaca, y que parece que tiene un destino de extinción, y que de golpe se revela y crea a su alrededor, sin querer, una ola monumental de generosidad, de camadería, de estar todos a una. Era ese lugar por el que quería transitar, por ese grito donde se dice que ese mundo no desaparece, esta es la base de lo que somos. Nos parecía bonito que de golpe este personaje, que no hace nada, con esa mirada que tienen las vacas, tan vacía pero tan llena al mismo tiempo, lo provoque todo, y todo estalla gracias a ella. Esa parte, que es pasiva pero activa al mismo tiempo, donde no se induce nada pero pasa por ese personaje, me parecía muy interesante.
Carlos Penela.- Yo quería darte las gracias por esa escena de amor que has filmado, y que no estamos acostumbrados a ver en pantalla de esa manera, sobre todo cuando sucede entre personajes mucho más jóvenes. ¿Cómo fue rodar esa escena?
CRISTINA FERNÁNDEZ PINTADO.- Pues mira, esa escena fui yo quien la propuse. Como en toda película, llegas a cambiar cosas, y en este sentido Miguel Llorens y yo hablamos con el guionista y le propusimos una serie de cosas. Esta escena no estaba, pasaba en off, y yo dije que era necesario ver el amor entre dos personas mayores. Por suerte tengo unos padres que se quieren muchísimo, yo noto el deseo entre ellos, se besan, se tocan, tontean... Yo pensaba 'yo sí tengo unos referentes', pero es que mucha gente no los tiene, yo lo veo, de repente ves un cuerpo medio desnudo de una persona mayor y a la gente le da vergüenza porque no están acostumbrados. ¿Dónde hemos llegado? Hemos de encontrar la belleza, no queríamos una cosa explícita porque no es lo que necesitábamos, yo quería ver una mano, quería ver esa piel, las marcas de la piel, la vejez de ese cuerpo, y la poesía que tiene ese tipo de deseo, que también tiene momentos de nervios, y demostrar que están vivos. Recuerdo hacer un visionado de la película con mi madre y al llegar a ese momento ella lloró, ella que es muy dura, pero de golpe lloró porque me dijo que era la primera vez que se sentía reflejada en una imagen así, he sentido emoción por ver como mi padre y ella podían tener sexo. Creo que es necesario, lo necesitamos, por la propia gente mayor, que vea que también tiene derecho a eso, parece que quede en un terreno vergonzoso, oculto, oscuro, pero es algo fantástico.
ISABEL ROCATTI.- La escena en sí, así como el hecho de poder contar una historia desde el punto de vista de una mujer de mi edad, pasados los 60, para mí ha sido un punto fundamental para decir sí a esta película. La escena que comentas, que es muy delicada, ha sido tratada con mucha ternura, con mucho respeto por parte de todos. Creo que fue la última secuencia que rodamos de la película, fue muy emotiva, muy dulce, muy bonita.
Carlos Garries.- Cristina, ¿Cómo te has sentido como directora al ser también actriz?
CRISTINA FERNÁNDEZ PINTADO.- Creo que como actriz tienes unas herramientas fantásticas, si las sabes aprovechar, claro. Todo el tema de la escucha, de las necesidades que tiene un actor o una actriz las entiendes perfectamente. Yo lo pongo muy en práctica en los ensayos, es una lástima que por la precariedad en el cine en España no se puedan hacer muchos ensayos, pero son los lugares donde más disfrutas de estas cosas. Yo soy una persona muy abierta a que se hagan propuestas, y se ha juntado con un casting muy creativo, con muchas ganas y con mucha profesión también. Entre sus propuestas y lo que íbamos creando conjuntamente lo hemos disfrutado mucho. También en el tema de afinar, por ejemplo, la relación intergeneracional entre Carlos (Cuevas) e Isabel (Rocatti) se debía de mostrar muy bien y fuimos afinando hasta el último momento muchos aspectos de su relación, ese juego entre confianza-desconfianza, el cómo crear ese lugar especial entre ellos dos. Como os digo, he disfrutado muchísimo porque he tenido un casting impensable, fantástico, es uno de los fuertes de la película, el casting y la verdad que tienen todos los personajes.
Carlos Penela.- ¿Cómo ha sido el proceso de codirección con Miguel Llorens?
CRISTINA FERNÁNDEZ PINTADO.- Fantástico, ya habíamos hecho cosas juntos. Nos conocemos bien, nos entendemos muy bien él es muy nórdico y yo muy mediterránea, por lo que nos compensamos, yo soy todo hacia afuera y él es más contenido, y creo que siempre llegamos a un equilibrio perfecto de las cosas. Para mi es también el maestro que yo he tenido, al final yo he sido una persona autodidacta en la dirección y él ha sido mi profesor. Es un director de fotografía fantástico, ha tenido además en esta película una mirada muy orgánica, observacional del espacio, naturalista. Yo lo admiro mucho, aprendo de él, él también aprende de mi, y es muy bonita esta relación intergeneracional que se ha creado entre nosotros dos, creo que nos compensamos muy bien.
Carlos Garries.- Este tipo de películas positivas, creo que al final son las que nos gustan más, ¿no creéis?
CARLOS CUEVAS.- Claro, han de existir también, ¿no? Estamos en un contexto un poco oscura y convulso, y a la gente le gusta mucho sentirse identificada, es algo de lo que me doy cuenta. Al público evidentemente le gusta este tipo de cine inspiracional, y aspiracional también, películas que te proponen un mundo mejor que el que tenemos.
ISABEL ROCATTI.- Sí, estas películas nos llegan, tocan aspecto del alma de las personas, que todos tenemos y son necesarias. Como civilización estamos en un momento oscuro, pero si miramos atrás han habido muchos momentos así. Eso quiere decir que la fuerza del ser humano es muy grande, y eso es algo que todos tenemos. Creo que una de las funciones más bonitas que tiene el cine, el arte en general, pero el cine en concreto, es poder tocar el alma de las personas y recordarnos que también podemos ser felices, que las cosas pueden ser de otra manera y que ello depende también mucho de nuestras decisiones. Creo que esto es muy válido y que hay momentos en los que se necesita más este tipo de cine y, en mi opinión, estamos en uno de esos momentos en los que este tipo de cine suma mucho.
Carlos Penela.- Si tuvierais que describir Cowgirl con una sola imagen o sensación que se le quede al espectador, ¿Cuál sería?
CARLOS CUEVAS.- Para mi sería la imagen de Empar con la vaca, claramente.
ISABEL ROCATTI.- A mi la primera que me ha venido a la cabeza es la del cartel, donde estamos cogidas la vaca y yo, en ese momento me hizo una cosa con las orejas y fue muy bonito, fue como un abrazo. Recuerdo una anécdota y es que la vaca pasaba tiempo dentro de la casa, y fuera en el campo, a una distancia bastante grande estaban las furgonetas de vestuario. Los dueños de la vaca la sacaban para pasearla, y en un cambio de vestuario que tuve que hacer de camión a camión, me avisó su dueño que la vaca me estaba siguiendo con la mirada. ¡Eran metros y metros de distancia! Se llamaba Canelita, en la película la llamamos Tona pero su nombre real era Canelita, y en el momento que me vio no me quitó el ojo de encima. Me palpitaba el corazón porque realmente había este vínculo, lo sentía, en dos secuencias donde tenía que haber una respuesta de ella, ¡lo hizo!







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