domingo, 24 de mayo de 2026

RESEÑA DE "STAR WARS: THE MANDALORIAN AND GROGU"

Introducción y sinopsis

Este pasado jueves jueves se estrenó solo en cines Star Wars: The Mandalorian and Grogu, la vuelta de Star Wars a la gran pantalla después de 7 años.

La película se estrena en 950 pantallas de 355 cines en España y lleva vendidas aproximadamente 50.000 entradas en preventa.

El director, coguionista y productor Jon Favreau y el Mandaloriano y Grogu, visitaron Madrid como parte del tour global de la película que marca el regreso de Star Wars a la gran pantalla siete años después. 

La nueva película de Star Wars está dirigida por Jon Favreau y protagonizada por Pedro Pascal, Sigourney Weaver y Jeremy Allen White. Producida por Jon Favreau, Kathleen Kennedy, Dave Filoni e Ian Bryce, con música compuesta por Ludwig Göransson.

Sinopsis: El Imperio ha caído y los señores de la guerra imperiales siguen dispersos por toda la galaxia. Mientras la incipiente Nueva República trabaja para proteger todo por lo que luchó la Rebelión, ha reclutado la ayuda del legendario cazarrecompensas mandaloriano Din Djarin (Pedro Pascal) y su joven aprendiz Grogu. 

Sobre la película

Han pasado siete años desde que Star Wars abandonó la gran pantalla, pero The Mandalorian and Grogu llega con la sensación de acontecimiento que tenían aquellas películas que convertían una sala de cine en una experiencia colectiva. Jon Favreau no intenta reinventar la galaxia creada por George Lucas; lo que hace es algo mucho más difícil: recuperar la emoción aventurera que convirtió a Star Wars en un fenómeno cultural irrepetible. La película abraza sin complejos el espíritu pulp, el western espacial y la fantasía clásica que definieron la trilogía original, pero filtrados ahora a través de una sensibilidad moderna que entiende perfectamente por qué millones de espectadores siguen sintiendo esta saga como un hogar emocional.

Lo primero que deslumbra es su escala cinematográfica en esta transición de la serie de Disney+ a la pantlla grande. Las persecuciones espaciales, las secuencias de combate y los vuelos entre planetas tienen una amplitud visual que recuerda a las grandes aventuras galácticas de los años ochenta, pero con una factura técnica espectacular. Favreau entiende que Star Wars siempre ha sido una mezcla entre tecnología punta y artesanía clásica, y aquí vuelve a apostar por criaturas físicas, escenarios llenos de textura y una puesta en escena que transmite sensación de universo vivo.

Pero si algo mantiene el corazón de la película latiendo constantemente es la relación entre el Mandaloriano y Grogu. Lo que comenzó como una inesperada conexión emocional en televisión se convierte aquí en el verdadero motor de la historia. Pedro Pascal dota al Mandaloriano de una humanidad silenciosa que recuerda a aquellos héroes lacónicos del western crepuscular, mientras que Grogu continúa siendo uno de los mayores hallazgos recientes de la franquicia. Más allá de su irresistible ternura, el personaje transmite inocencia, curiosidad y vulnerabilidad en medio de una galaxia dominada por la violencia y el caos. Cada escena compartida entre ambos desprende una química que hace que el espectador vuelva a conectar emocionalmente con el universo Star Wars.

Uno de los mayores aciertos del filme es que recupera la sensación de aventura episódica clásica. Durante demasiado tiempo la saga quedó atrapada entre árboles genealógicos, profecías y conflictos gigantescos que parecían obligados a decidir el destino del universo entero. The Mandalorian and Grogu opta por algo mucho más cercano al espíritu original: héroes errantes atravesando mundos peligrosos, personajes secundarios extravagantes, criaturas imposibles, cantinas llenas de vida y misiones donde lo importante no es únicamente salvar la galaxia, sino sobrevivir un día más. Esa sencillez narrativa juega sorprendentemente a favor de la película.

También resulta especialmente estimulante la manera en que la película explora la Nueva República. Lejos de presentar un sistema perfecto tras la caída del Imperio, el filme muestra una galaxia todavía fragmentada, insegura y llena de heridas abiertas. Ese trasfondo político nunca ahoga el espectáculo, pero sí aporta una capa de madurez muy interesante. Hay una sensación constante de que el universo sigue reconstruyéndose tras décadas de guerra, y eso da al relato una melancolía muy propia del mejor Star Wars.

Visualmente, la película está repleta de imágenes que parecen sacadas directamente de los recuerdos de infancia de varias generaciones. Los desiertos infinitos, las naves desgastadas por mil batallas, los mercados alienígenas rebosantes de criaturas extrañas o las persecuciones aéreas entre montañas evocan constantemente el legado visual de George Lucas sin caer en la simple copia nostálgica. Favreau demuestra que entiende algo esencial: la nostalgia funciona mejor cuando se mezcla con descubrimiento. Por eso la película logra sentirse familiar y nueva al mismo tiempo.

La banda sonora merece una mención especial. Sin depender constantemente de los temas clásicos de John Williams, la música sabe cuándo acariciar la memoria emocional del espectador y cuándo construir una identidad propia. Los momentos de aventura tienen energía, las escenas íntimas poseen una sensibilidad inesperada y determinadas notas musicales consiguen activar inmediatamente esa conexión sentimental que solo Star Wars sabe despertar. Hay secuencias enteras que parecen diseñadas para recordar por qué el cine de aventuras sigue teniendo una capacidad única para hacernos soñar.

Otro aspecto especialmente disfrutable es el tono
. La película recupera el sentido de diversión pura que tantas veces se ha perdido en grandes franquicias modernas obsesionadas con la solemnidad. Aquí hay humor, ritmo, criaturas extravagantes y una voluntad constante de entretener. Incluso en sus momentos más oscuros, la película nunca olvida que Star Wars nació como un serial de aventuras pensado para emocionar y maravillar al público. Esa ligereza, lejos de restarle importancia, termina siendo uno de sus mayores encantos.

Quizá The Mandalorian and Grogu no pretenda redefinir el futuro de la saga, pero sí consigue algo que muchos consideraban más complicado: recordar por qué tantos espectadores se enamoraron de este universo hace décadas. La película entiende que Star Wars no vive únicamente de la épica, sino también de la emoción sencilla de acompañar a personajes carismáticos mientras cruzan una galaxia llena de peligros, esperanza y misterio. Y cuando las luces de la sala se encienden, queda esa sensación tan difícil de explicar y tan maravillosa al mismo tiempo: la de haber vuelto a casa.

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