Introducción y sinopsis
Este viernes se estrena en cines, de la mano de Karma Films y A Contracorriente Films la película Turno de guardia, último trabajo de la aclamada directora y guionista Petra Volpe (Dreamland, El orden divino) que tuvo su premiere mundial en la 75ª edición del Festival de cine de Berlín.
Turno de guardia es una película realista y profundamente humana que se acerca de manera cercana y respetuosa al mundo de la enfermería a través del personaje de Floria (Leonie Benesch), a la que acompañamos a lo largo de un intenso y exigente turno de trabajo en el que afronta desafíos y situaciones críticas que ponen a prueba su sentido del compromiso, su humanidad y su vocación. Leonie Benesch (Sala de profesores, Septiembre 5) se pone en la piel de esta enfermera en una extraordinaria interpretación con la que consigue su segunda nominación a los premios EFA de la Academia de Cine Europeo como Mejor Actriz del año. Turno de guardia ha sido seleccionada en la shortlist de los Oscar como Mejor Película Internacional y ha sido candidata a estar nominada en los Goya como Mejor Película Europea.
Sinopsis: La enfermera Floria ejerce su profesión con pasión y rigor. Incluso en medio del caos escucha siempre a sus pacientes y acude de inmediato a las urgencias… o casi siempre, porque la realidad cotidiana resulta a menudo imprevisible. Ese día falta una compañera en una planta completa y con demasiado pacientes, por lo que a medida que avanza el turno, Floria se enfrenta cada vez más a una lucha desesperada contra el tiempo.
Con un trepidante ritmo de thriller por el que recibió el premio al Mejor Montaje de la Sección Oficial del Festival de Sevilla, Turno de guardia muestra a las enfermeras como auténticas heroínas en un claro homenaje de Petra Volpe a la profesión, poniendo en valor su dedicación y visibilizando la realidad del colectivo.
Sobre la película
Hay películas que no buscan atraparte, sino ponerte en el lugar de alguien durante un tiempo determinado. Turno de guardia pertenece a esa categoría tan poco complaciente como necesaria, y lo hace con una honestidad tan desarmante que, cuando termina, no apetece aplaudir: apetece quedarse un rato en silencio.
Dirigida por Petra Volpe, la película nos introduce en un único turno nocturno en un hospital público. No hay elipsis salvadoras ni atajos narrativos. Todo sucede casi en tiempo real. Y eso lo cambia todo. Porque Turno de guardia no se ve: se atraviesa. Una noche que pesa como una semana.
Desde los primeros minutos, la película establece su tono: cámara cercana, ritmo constante, ausencia total de música subrayando emociones. Estamos ahí. Caminamos por los pasillos. Oímos timbres que no dejan de sonar. Pacientes que llegan. Familiares que preguntan. Decisiones que hay que tomar rápido. Demasiado rápido.
La protagonista —una enfermera que sostiene prácticamente sola el turno en una de las dos alas del hospital — no es presentada como heroína, aunque el título original juegue irónicamente con esa idea. Es una profesional agotada, competente, empática… y humana. Muy humana. Y ahí está la grandeza del film: no idealiza, pero tampoco juzga.
La trama avanza a base de pequeños gestos: una mirada que se alarga más de lo debido, un error mínimo que pesa toneladas, una pausa para respirar que nunca llega a completarse. No hay grandes giros de guion, porque no los necesita. El conflicto es estructural. Y eso duele más.
Leonie Benesch es el corazón de la película, su trabajo es, sencillamente, extraordinario. No hay artificio, no hay exhibición. Todo pasa por el cuerpo: la forma de caminar cuando el cansancio ya se ha instalado, cómo cambia la respiración, cómo se le apagan los ojos sin dejar de hacer su trabajo. Benesch compone un personaje desde la resistencia silenciosa. No busca la lágrima fácil ni el momento de lucimiento. Y precisamente por eso resulta devastadora.
Su interpretación es de esas que no se recuerdan por una escena concreta, sino por una sensación que se queda horas después. Hay algo profundamente honesto en su manera de habitar el personaje: transmite vocación, pero también hastío; compromiso, pero también rabia contenida. Es una actuación que dignifica a todo un colectivo sin convertirlo en icono.
Respecto a la directora de la cinta, si en El orden divino Petra Volpe abordaba una lucha colectiva desde una narrativa más luminosa y coral, aquí da un paso radicalmente distinto. Turno de guardia es más seca, más áspera, más física. Menos discurso y más vivencia. La dirección es precisa hasta lo quirúrgico. Volpe sabe cuándo seguir a su protagonista y cuándo quedarse atrás. Cuándo apretar el encuadre y cuándo dejar que el plano respire —aunque sea poco—. No hay voluntad de denuncia explícita, pero el retrato del sistema sanitario es tan claro que resulta imposible salir indemne.
La película no señala culpables concretos. No necesita hacerlo. El enemigo es la normalización del colapso, la heroicidad mal entendida, la costumbre de exigirlo todo a quienes ya no tienen margen. Esta no es solo una película sobre enfermeras. Es una película sobre el burnout, sobre la dignidad profesional llevada al límite, sobre lo que ocurre cuando cuidar a los demás implica dejar de cuidarse a uno mismo. Y ahí conecta de lleno con el presente, sin necesidad de subrayados ni consignas.
Hay algo profundamente europeo en su mirada: sobria, comprometida, incómoda. Un cine que no busca gustar a todo el mundo, sino ser fiel a la realidad que retrata. Y eso, hoy, es casi un acto de resistencia.
Turno de guardia no se recomienda a la ligera. No es una película para desconectar. Es una película para mirar de frente. Para recordar quién sostiene los servicios esenciales cuando nadie mira. Para entender que detrás de cada turno hay una persona que llega a casa exhausta, con la sensación de no haber llegado a todo… aunque lo haya dado todo.
Petra Volpe firma aquí una de sus obras más maduras y contundentes. Leonie Benesch la convierte en carne, hueso y respiración. Y el resultado es un film que no se olvida fácilmente. Porque hay noches que duran más de ocho horas. Y esta película lo sabe.




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