Introducción y sinopsis
Si pudiera te daría una patada ha llegado este fin de semana a las salas españolas después de un excelente recorrido en festivales de cine, donde ha obtenido, entre otros premios, el Oso de Plata a la Mejor Actriz en la Berlinale y el Premio a la Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Sitges. Además, acaba de ganar el Globo de Oro en la categoría de Mejor Actriz de comedia o musical. La película tiene su estreno comercial en España de la mano de Vértigo Films.
La película cuenta con un reparto estelar compuesto por Rose Byrne (Damages), Danielle Macdonald (Lady Bird), Christian Slater (True Romance), Ivi Wolf (Anora) y personalidades como A$AP Rocky, rapero y actor de éxito internacional, y el célebre presentador de televisión estadounidense Conan O’Brien.
Con el ritmo vertiginoso de un thriller, la guionista y directora Mary Bronstein lleva al público a una ensoñación febril asombrosamente inventiva, inesperadamente divertida y sorprendentemente cercana. La actriz Rose Byrne interpreta a Linda y ofrece un retrato cinematográfico único de la maternidad. El resultado es un relato cautivador de horror personal y una emotiva iluminación de ese complicado momento vital.
Sinopsis: Con su vida derrumbándose a su alrededor, Linda (Rose Byrne) intenta lidiar con la misteriosa enfermedad de su hija, su marido ausente, una persona desaparecida y una relación cada vez más hostil con su terapeuta.
En mi opinión, Si pudiera te daría una patada pertenece a esa categoría incómoda y poco complaciente del cine que no busca espectadores, sino testigos. Y para ello Mary Bronstein dirige como quien aprieta una herida: sin aspavientos, sin música tranquilizadora, sin el más mínimo interés en caer bien.
La protagonista (una inconmensurable Rose Byrne) vive en un estado de tensión permanente, una especie de ruido de fondo que nunca se apaga. No hay grandes giros ni tragedias evidentes, pero cada escena pesa. Pesa la maternidad, pesa el cuerpo, pesa la culpa, pesa la sensación de estar siempre haciendo algo mal. La película convierte lo cotidiano en un campo de batalla emocional, y lo hace con una puesta en escena casi asfixiante, muy pegada al rostro, al gesto mínimo, al silencio que grita más que cualquier diálogo.
Bronstein no romantiza el agotamiento ni busca redención. Aquí no hay aprendizaje luminoso ni cierre reconfortante. Hay rabia, hay pensamientos feos, hay impulsos que no se verbalizan en voz alta. Y precisamente por eso resulta tan honesta. El guion tiene algo de confesión incómoda, de diario escrito en un mal día que se ha alargado demasiado.
En su forma de retratar la ansiedad femenina, la película dialoga claramente con títulos como Saint Maud (2019) de Rosse Glass, donde la mente se convierte en un espacio peligroso, o Una mujer bajo la influencia (1974) de John Cassavettes, por esa manera cruda de observar a una mujer desbordada por expectativas ajenas. También conecta, desde otro registro más contemporáneo, con La hija oscura (2021) de Maggie Gyllenhaal, aunque Bronstein elimina cualquier barniz poético: aquí todo es más seco, más áspero, más físico.
No es una película amable. Tampoco quiere serlo. Es una experiencia que incomoda porque no ofrece distancia, porque obliga a permanecer dentro del malestar sin atajos ni explicaciones. Y ahí, en esa falta de concesiones, es donde encuentra su fuerza. Un cine pequeño en apariencia, pero enorme en resonancia emocional, que deja poso y, probablemente, una pregunta incómoda flotando mucho después de que aparezcan los créditos finales.



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