miércoles, 7 de septiembre de 2022

LAS 80 OPERAS PRIMAS QUE MARCARON UN ANTES Y UN DESPUÉS EN EL CINE ESPAÑOL

A menudo con más corazón que cabeza, nombres de pronunciación obligatoria en el cine español tuvieron que superar el vértigo de ponerse detrás de la cámara por primera vez. De esa toma de contacto inicial en la dirección han surgido películas que removieron los cimientos del séptimo arte patrio, llenaron el patio de butacas o le abrieron las puertas de la industria al bisoño cineasta. La plataforma FlixOlé reúne, en una colección compuesta por más de 80 títulos, las óperas primas que consagraron a sus autores y dejaron un dulce sabor en las palomitas del espectador.

 

El especial, que se podrá disfrutar a partir del viernes 9 de septiembre, incluye el estreno de cuatro largometrajes que supusieron un inmejorable debut en las carreras cinematográficas de sus directores. El primero de ellos es Acción mutante (1993), la carta con la que un Álex de la Iglesia apasionado por los cómics y juegos de rol se presentó a la comunidad cinéfila.

 

Esta película, repleta de excesos y guiños a Star WarsAlienMad Max y demás elementos del universo friqui, supuso un soplo de aire fresco dentro del panorama fílmico español. Ciencia ficción y humor castizo protagonizaban el enfrentamiento entre un grupo de deformes liderados por Ramón Yarritu (Antonio Resines) y los guapos pijos que los marginan. Todo a ritmo de ‘Def con Dos’ en un filme premiado con tres goyas, y que ya advertía del estilo a contracorriente al que nos acostumbraría el realizador.

 

Fue la productora de los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar, El Deseo, la que produjo la cinta del director bilbaíno. La misma que años después arropó el rodaje del debut en la dirección de Mónica Laguna con Tengo una casa (1996). Los cortos de esta última le habían granjeado una merecida fama. Una popularidad que creció con el citado filme, de toques rockeros (el título se inspiró en un tema de Los Enemigos), cuya virtud radicaba en la sencillez y originalidad de encuadrar los sentimientos de sus cuatro protagonistas (entre ellos, unos casi novicios Ernesto Alterio y Silke) dentro de una cabaña en mitad del bosque.

 

Otro de los grandes estrenos que presenta la colección ‘Óperas Primas’ de FlixOlé es Los farsantes (1963). Firmado por uno de los mejores traductores de los clásicos literarios a la gran pantalla, Mario Camus, no es de extrañar que en su primera vez como director optase por adaptar en fotogramas  líneas ya escritas en papel. Partiendo de una narración de Diego Sueiro, Camus reflejó las penurias de la época a través de los lances que deben superar un grupo de cómicos de la legua. El largometraje hizo de vaso comunicante del compromiso social y la preocupación por la violencia que grabaron el cine de uno de nuestros más ilustres realizadores.      

 

El capítulo de estrenos lo cierra un nombre muy de actualidad, Daniel Monzón. El cineasta dejó a un lado su faceta de crítico cinematográfico para dedicarse en cuerpo y alma a la dirección con El corazón del guerrero (1999). La cinta, que obtuvo una nominación al Goya en la categoría de Mejor Dirección Novel, fue una suerte de parodia y homenaje al género de espadas y brujas; una temática algo distinta de los derroteros fílmicos con los que experimentaría Monzón en películas posteriores.

 

Más de 80 primeras veces inolvidables

 

En una industria tan exigente como la cinematográfica, los comienzos duros han estado a la orden del día. Aunque esta situación se podría extender a cada nuevo alumbramiento que llega a las salas.

A pesar de ello, la gran pantalla del país cuenta con un vigoroso glosario de realizadores que ya en sus inicios marcaron un antes y un después. Ello se aprecia en óperas primas maestras como La tía Tula (Miguel Picazo, 1964), obra más representativa del denominado Nuevo Cine Español; la siempre espléndida y bella El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973); el poético cántico al terruño de Montxo Armendáriz en Tasio (1984); la laureada Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995) con la que Agustín Díaz Yanes demostró que el cine de Scorsese y Coppola tenía cabida en las producciones nacionales; y Tesis (1996), la ‘vendetta’ de Alejandro Amenábar a su profesor de facultad con la que obtuvo la friolera de siete goyas. 

 

A éstas hay que sumar la película con la que Berlanga y Juan A. Bardem dinamitaron las comedias de cartón piedra del franquismo, Esa pareja feliz (1953); la transitoria Asignatura pendiente (1977) de José Luis Garci; los cuentos para adultos que abrió Juanma Bajo Ulloa con Alas de Mariposa (1991); la introducción a un cine alternativo que trajo consigo Santiago Amodeo en Astronautas (2003); o los largometrajes convertidos en obras de culto como Un, dos, tres… Al escondite inglés (Iván Zulueta, 1970), Bilbao (Bigas Luna, 1978) y El milagro de P. Tinto (Javier Fesser, 1998).

 

La colección de FlixOlé también incluye el debut de cineastas que rompieron el techo de cristal con reseñables títulos como La petición (Pilar Miró, 1976), Demasiado viejo para morir joven (Isabel Coixet, 1989) y Una estación de paso (Gracia Querejeta, 1992). El especial recoge además filmes que vaticinaban la línea de sus autores: Las dos y media… Veneno (Mariano Ozores, 1959) y Aparecidos (Paco Cabezas, 2007); como aquellos que no hacían presagiar lo que vendría después: El hombre de la isla (Vicente Escrivá, 1960), Pares y nones (José Luis Cuerda, 1982) o Tu novia está loca (Enrique Urbizu, 1988). Igualmente, en Óperas Primas’ se podrán encontrar las pequeñas incursiones que hicieron ciertos actores que decidieron pasarse a la realización, como Imanol Arias en Un asunto privado (1996), Jordi Mollà en No somos nadie (2002) y Jesús Bonilla con El oro de Moscú (2003).

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